Marruecos Semana Santa 2019

DÍA I. NADOR – FES
Como tenemos cambio de ferry, en vez de encontrarnos a primera hora de la mañana del sábado, nos encontramos antes de cenar del viernes. Ha sido una suerte que la naviera pusiera un barco para la noche anterior porque así ganamos un día de ruta. El ferry nocturno nos permite llegar a primera hora a Fes. Bajamos del puerto y nos dirigimos hacia la aduna. La entrada de los vehículos ha cambiado y ya no podemos hacer desde casa el papeleo así que estamos un poco expectantes por lo que nos vamos encontrar, aunque sin mucha esperanza de que el nuevo sistema sea más ágil y así es. Una cola interminable nos espera en una de las garitas para que uno de los gendarmes haga manualmente la entrada del vehículo. Una vez listos todos los papeles, es momento de empezar nuestra aventura en Marruecos. Salimos de Nador, repostamos en la primera gasolinera para llenar depósitos y nos dirigimos hacia Fes. Vamos parando tranquilamente durante el camino, ya que toda esta zona de antes del Atlas, sorprende a la gente por los paisajes verdes que nos acompañan. Llegamos a Fes justo antes de comer y aprovechamos para dejar las maletas en el hotel. Cuando llegas a Fes, parece que te envuelve una magia que año tras año, visita tras visita, no entiendes como sigue existiendo y como sigue maravillando a todo el mundo, sea un nuevo visitante o no. La Puerta Azul da la entrada a la que para nosotros es una de las medinas más bonitas y auténticas de Marruecos. Sus calles estrechas, llenas de comercios nos adentran hasta el corazón del zoco. Entre bolsos, pendientes y zapatos, bajamos hasta el barrio del cobre donde los artesanos hacen de ollas y barreños un auténtico arte. Nos quedamos un rato mirando como hacen un pequeño cazo y lo cubre con estaño. Una vez pasado el barrio de los cobres, seguimos bajando por las calles empinadas de las medinas y nos encontramos unos edificios muy nuevos al lado del canal, nuevamente inaugurado por el Rey Mohamed V y nos cuentan que estos edificios modernos que destacan del resto es un proyecto de la UNESCO para agrupar a la artesanía del país. La visita del rey hace que nos encontremos unas calles extremadamente limpias y con mucha bandera marroquí, hasta incluso unas plantas con geranios alrededor del canal. Llegamos por fin a una de las paradas obligatorias de Fes, los curtidores y los tintoreros. Subiendo por una escalera con unos peldaños estrechos y empinados, vamos a parar a una terraza donde vemos esas cubas de yeso llenas de tinte de colores rodeadas por miles de pieles recién curtidas y secadas. Es una estampa de postal.
Como hemos bajado tranquilamente, visitando tiendas y sacando la cabeza por alguna mezquita, para recuperar fuerzas en la subida nos paramos en una cafetería conocida por la venta de cerveza y acompañada por una buena pastilla. -La pastilla es una torta de pasta filo rellena de carne cubierta de canela y azúcar típica de Fes-. De repente empieza a sonar el canto a la oración y en ese momento pensamos que no se puede estar mejor. La sensación es generalizada y disfrutamos de un rato de relax en el corazón de la medina. Como ya es hora de cenar, nos paramos en el recién reformado Rainbow barbacue a comer un bocadillo típico de las noches de Fes, donde las carnicerías se transforman en puestos de carne a la plancha. Por 20dh, menos de 2€ al cambio, nos comemos un kebab con pan marroquí relleno de una mezcla de carnes con especies.
¡Delicioso!

Una vez ya cenados, decidimos ir para el hotel ya que la noche en el barco tampoco es que sea de las mejores del viaje y mañana nos espera una etapa larga.

 

 

 

 

 

 

DÍA II. FES – BOULMANE DADES
Hoy toca madrugar un poco ya que como comentamos, hoy nos espera la etapa más larga. Nuestro destino es Boulmane Dades y será una etapa llena de contraste de paisajes y muchísimas cosas por ver así que toca desayunar bien para coger fuerza. No tardamos en coger pista, la denominada pista de los meteoritos y nos paramos par ver uno de los enormes agujeros que hay. En una explanada enorme, hace miles de años, cayeron unos meteoritos que dejaron unos agujeros de grandes dimensiones que son dignos de parar y ver. Una vez ya hemos aprovechado también para empezar a hacer un poco de pica pica, continuamos pista para adentrarnos en El Bosque de los Cedros. Majestuosos cedros nos acompañan durante todo el trayecto, y entendemos entonces por qué es parque natural. Una vez pasado Ifrane, la que se conoce como la Suiza de Marruecos, llegamos a Azrou para jugar un rato con los monos. La verdad es que cuando ves a estos pequeños macacos, y no tan pequeños, cogiendo las cosas y comiendo, ves que no hay duda que venimos del mono. Estamos un rato con ellos dándoles plátano y alucinando como los pelas antes de comer. También paseamos por los puestos de fósiles que se han montado alrededor fruto de la afluencia de turistas que vienen con autocar. Vistos ya los monos, es el momento de coger pista. Nos espera un trayecto que va combinando pista rápida, atravesando pueblos y haimas de berebers. La verdad es que es una suerte poder disfrutar de nuestros todoterrenos así. Toyota, Land Rover, Jeep, Mitsubishi.. todos van como fluyendo por pistas que eso si, son un poco secas y nos rebozamos bastante de polvo. Como no tenemos prisa porque a los que hemos venido es a disfrutar del viaje, encontramos un bar de carretera en medio de la nada y nos paramos para tomar un té. Después de nuestro descanso y de hablar un poco con el paisano, volvemos a tomar pista pues Dades nos espera. Aunque empieza a anochecer paramos en el lago Tilsit para hacer una visita rápida y estirar un poco las piernas, pues tal y como habíamos dicho, la jornada de hoy es larga. Como se nos ha hecho de noche, avisamos antes de entrar en las Gargantas de Todra que todos los vehículos enciendan todas las luces que tengan. Todra es espectacular de día porque puedes ver la majestuosidad de sus paredes, pero de noche, con las sombras que crean las luces, hay un aire entre mágico y tenebroso. Bueno, son alucinantes.La naturaleza a veces, nos abruma y todo.

Ya de noche, llegamos al hotel, un poco pasado Boulmane Dades. Una pequeña kasbah muy poco conocida que es espectacular, pero más espectacular es la cena que nos tiene preparada Mohamed. Cena típica marroquí que combina ensalada de queso, pollo con couscous y de postre, mousse de chocolate que, aunque no sea un plato típico, entra que es una delicia. Así que, después de una buena cena, a descansar, que nos lo merecemos.

DÍA III. BOULMANE DADES – ZAGORA
Si la cena fue buena, el desayuno es mejor. Empezamos el día dejando Boulmane Dades para ir hacia el Valle del Draa. A poco de salir del hotel tomamos pista justo después de las montañas de los dedos de mono. La parte del Saghro es más pedregoso que las pistas de ayer, aunque hasta adentrarnos más, se puede ir a muy buena velocidad. Esta es la etapa para probar los amortiguadores de cada uno. Suerte que, en nuestros viajes, ya es un clásico llevar a Marc de TMC Automoció que esta vez viene a pasarle el test a una L200. ¿Cuál será su valoración final?

La verdad es que adentrarse en el Saghro a veces te sientes como estar en el cañón del Colorado. Los paisajes que nos brinda Marruecos
son espectaculares y además van cambiando etapa tras etapa. Tras las pistas pedregosas, vamos cambiando a pistas rápidas entre valles y montañas. Aprovechamos que el río está seco para plantar los coches cerca de un palmeral y para a comer. Una vez hemos comido, uno de los vecinos nos trae unos cuantos dátiles para que los probemos, siempre con su gran hospitalidad. Seguimos las pistas maravillados por las formas que la erosión ha dado a estas montañas tan altas, mientras seguimos subiendo y bajando por pistas muy entretenidas. Una vez bajamos, tomamos la carretera hasta Zagora, aunque un pequeño contratiempo interrumpe nuestra marcha. El Wrangler ha pinchado una rueda, lo que, en vez de ser un problema, acaba siendo una buena excusa para tomar algo mientras amenizamos con una buena charla. Una vez ya está todo listo nos dirigimos hasta Zagora. Paramos en el hotel y descargamos maletas, pero el día todavía no ha terminado. No puedes ir a Zagora sin pasar por el taller de Jacoub. Aprovechamos para revisar un poco todos los vehículos y hacerles una pequeña puesta a punto. Nos encontramos que allí también hay varios vehículos de la Maroc Challenge, así que esta noche será larga para él.

DÍA III. ZAGORA – M’HAMID
A primera hora de la mañana, ya estamos todos en nuestros 4×4 preparados para tomar pista dirección M’hamid, aunque antes de ello, una patrulla de policía nos sorprende y nos regala una multa de 400dhm a uno de nuestros vehículos por hacer un adelantamiento con línea continua. Pagamos la multa y empezamos de nuevo nuestro día. Cogemos pista dirección el Oasis Sagrado. Allí tenemos el primer contacto con hamadas de pista rápida que hace que saquemos lo mejor de nuestros 4×4. La sensación de velocidad es absoluta. Cogemos pistas que parecen la mismísima sabana africana y esperamos que de un momento a otro se nos cruce una cebra o veamos un león descansando debajo de una acacia. Llegamos al Oasis Sagrado y bajamos un rato del coche para estirar las piernas y tomar un pequeño tentempié. En un momento, el silencio es roto por coches que descargan turistas dentro de su parada obligatoria del tour de hoy, pero hablamos un rato con ellos y compartimos un rato entre risas y anécdotas. Tiramos un poco más por pistas que cada vez van siendo más arenosas. Se nota que poco a poco nos acercamos al Erg Chegaga. Seguimos pista y llegamos al Lago Iriki después de algún que otro tramo más pedregoso. La verdad es que es un lago seco muy divertido porque, siempre con precaución, puedes correr un poco. Nos lo pasamos genial haciendo rectas y donuts marcando un poco el lago por nuestro paso. Son días con mucho calor así que tampoco no estiramos mucho y decidimos seguir la pista para llegar a nuestro primer desierto. Al principio el Chegaga parece que sólo sean cuatro granitos de arena, pero poco a poco vas jugando y sin querer ya estás casi en el corazón
del desierto. El Erg Chegaga nos encanta porque es un desierto que no tiene las dunas tan altas como el Erg Chebbi y como primera toma de contacto es perfecto. Lo que tiene ir jugando es que por mucho que hayamos deshinchado las ruedas nos acabamos quedando todos. Entramos en una olla para rescatar a dos coches, el atascado y el desatascador. Llega un momento que tenemos que tirar de todas nuestras herramientas
para poder salir, pero estos son los momentos de la aventura que después se recordarán. Perdemos un buen rato en poder sacar 4 coches de la arena, pero volvemos a estar en marcha y salimos finalmente del Erg Chegaga. Primer contacto con las dunas superado con mucho éxito. Todos entramos y con una sonrisa todos salimos. Cogemos el río de arena que llega hasta M’hamid y ya entrada la noche vemos a lo lejos las luces del poblado mientras esquivamos a algún que otro dromedario con actividad nocturna. Hoy ha sido un día cansado con arena así que nos merecemos una buena cena y descansar como campeones.

DÍA IV. M’HAMID – PORTAL DE BELÉN
Hoy toca hacer la famosa Pista Prohibida. Después de unos pocos kilómetros de carretera, tomamos pista a izquierda. Al poco de empezar la pista nos encontramos un pozo y paramos para refrescarnos un poco. Cómo se nota que este año Semana Santa ha caído más tarde y la temperatura a primera hora de la mañana ya aprieta un poco. Hoy será un día caluroso y además será el día que más pista sin civilización que hagamos. Así que nos paramos en el pozo y nos refrescamos. Es increíble lo fría que está el agua de los pozos. Hay un par de paisanos parados con una moto y hablamos un poco con ellos. Proseguimos la marcha y al poco nos encontramos uno de los varios puestos de militares que encontraremos a lo largo de la pista. Simplemente les enseñamos el pasaporte y hablamos un poco de futbol. Al estar tan cerca de la frontera con Argelia es normal que nos paren, pero sin ningún tipo de problema o preocupación. Seguimos por la pista y nos encontramos una sorpresa. Justamente hay un punto de control de la Morocco Desert Challenge y aparcamos nuestros 4×4 para ver pasar a algún coche. Uno de los comisarios belgas, a través de la app, nos dice que están a punto de pasar dos camiones y nos esperamos. Tenemos la suerte que uno de ellos es del equipo de De Rooy. Es increíble la velocidad que cogen. La pista que sigue después de nuestra parada es una pista rápida al estilo del Lago Iriki, pista rápida dónde se puede ir un poco rápido. Nos cruzamos con varios buggies que están disfrutando también del placer de la velocidad combinada con la libertad de estar en una hamada tan larga como te de la vista. En un punto que tenemos marcado en el track, localizamos el monolito que se le hizo a Mohammed el Gordito y nos paramos para verlo y echarnos unas fotos. Como está justo en la cima de una pequeña montaña, divisamos la lejanía. Nos esperan más de 100km de pista rápida por una hamada completamente llana. La verdad es que con el calor que hace no nos apetece mucho sacar mesas y sillas y hacemos un pica-pica improvisado para comer algo. Retomamos pista y lo mejor de este terreno es la libertad que da. Puedes encontrar un coche a la izquierda, otro te adelanta por la derecha mientras tu tranquilamente vas por el centro. Con los pequeños baches que nos encontramos quien mejor se lo está pasando es Paco con el Wrangler disfrutando con sus King, así que hemos bautizado este terreno como Territorio King. Vehils Xtrem puede estar contento con el buen trabajo que ha hecho. De lejos ya vemos el Portal de Belén que es un paso que hay entre dos montañas. Allí pasaremos la noche. A mitad de ruta hemos parado a tomar un té y nos han dicho que el aire que lleva todo el día acompañándonos parará hacia las ocho de la noche, al atardecer que es cuando empiezan a bajar un poco las temperaturas. Esperamos que sea cierto. A mitad del paso vemos que hay un grupo de palmeras que nos sirven perfectamente para resguardarnos.
Plantamos mesas y sillas mientras buscamos leña para hacer el fuego. Esta noche seremos auténticos overlanders en modo Aventurame, con hoguera incluida. Justo en el momento de poner las tiendas, para el aire. Genial. Tenemos casi luna llena. La noche no puede ser más perfecta. Compartimos queso, jamón mientras hacemos la cena típica por excelencia en la noche de acampada de Aventurame: huevos con bacon y chistorra. Es un clásico que nunca falla. La cena da paso a una buena charla alrededor del fuego mientras disfrutamos de una noche estrellada en medio de la nada. ¿Puede haber algo mejor? Muchos, antes de venir a nuestros viajes, nos preguntan por qué ponemos siempre una noche de acampada y realmente es la mejor de todas. El ambiente que se crea alrededor de una hoguera es inigualable. Un brindis por miles de noches como esta.

DÍA IV. PORTAL DE BELÉN – MERZOUGA
El sol de primera hora nos despierta dentro de un silencio absoluto. Es maravilloso poder despertar así, en medio de la nada sin prisas y con toda la calma. Poco a poco, todos nos vamos despertando y saliendo de las tiendas. Un buen café es indispensable para poder empezar el día. Tenemos todavía restos que quedaron de la noche de ayer pero todavía es demasiado temprano para que entre un trozo de chistorra. Ponemos dirección Ramlia a ver que nos encontramos. Para poder llegar a la Ciudad Perdida, tenemos que atravesar el cordón de dunas y como todavía son las 10 de la mañana, decidimos no deshinchar. Error. El primer atasco nos hace bajar presiones a todos y cambia completamente la conducción. Las dunas que nos encontramos están bastante cortadas así que tenemos que ir buscando las más bajitas para poder cruzar. Nos lleva nuestro rato, pero es realmente divertido. Poco a poco, duna tras duna vamos cruzando el Ramlia y así también vamos cogiendo experiencia ya que mañana nos espera el Erg Chebbi. Por pequeñas que sean las dunas, las encontramos bastante cortadas, supongo que será debido al aire que hace. A lo lejos ya se ve la Ciudad Perdida. Cruzamos todo el ouet y nos paramos debajo de esta edificación que en su día fue una gran fortaleza o eso como mínimo queremos imaginarnos. Después de parar en la Ciudad Perdida, una hamada nuevamente de pista rápida nos lleva hasta la montaña de la Tagine, conocida por la peculiar forma de tagine que tiene. Además, lo bueno es que el terreno que llega a esta montaña es muy plano y podemos jugar a conducir a rumbo, cada uno por donde quiera. Bajamos de los coches y hacemos nuestras fotos de rigor que seguro que irán a todas las redes sociales. Como vamos con tiempo y los kilómetros que nos esperan son de pista rápida, decidimos ir directamente a Erfoud a comer a la Pizzería des Dunes, así que como nos espera una buena comida, nos ponemos en marcha. Estos últimos días nos hemos encontrado con varias tormentas de arena y hay un momento que ni siquiera se ve a un metro por delante. Reducimos la velocidad y llegamos a la carretera que va a Rissani. El viento es muy fuerte y vemos camiones conduciendo que parece una auténtica locura. Cargados como van hasta arriba, van a dos ruedas directamente con el volante completamente girado a izquierda. Después de esta locura de trayecto llegamos a Erfoud. Primero pasamos por el baño para lavarnos un poco las manos y la verdad es que apetece meterse entero debajo del grifo y quitarse la cantidad de arena que llevamos encima. Creo que si nos juntáramos todos podríamos crear un nuevo erg. Nos merecemos comer bien y nos pedimos ensalada, pizza y una buena botella de agua fría, porque el agua es lo que mejor entra en estos momentos. Al acabar de comer, algunos aprovechan para dar un repaso al coche en el Garaje Royal y otros se acercan a la tienda de Zacarías para comprar algún recuerdo del viaje. Nos hace una tarde espléndida. Después de compras y mecánicos decidimos ir a pasear hasta el mercado para ir a comprar dátiles mientras algunos se quedan tomando un te. Conseguimos un buen precio por 3 cajas de dátiles que parecen miel y ya toca ir hacia la kasbah porque la necesidad de una buena ducha ya aflora. Llegamos al Auberge du Sud, descargamos, nos duchamos y a cenar. La verdad es que lo mejor de estos viajes es el ambiente que se crea. De lo que estamos más orgullosos en Aventurame es que después de cada viaje, creamos amigos. Acabamos la cena con dolor de barriga de lo mucho que hemos reído, recordando momentos y explicando historias. Lo mejor de estos albergues no está por la parte de adelante, así que vamos a la parte de atrás a tomar un té. Sentados, escuchando como tocan los tambores justo en el pie del Erg Chebbi. Si existe un paraíso, tiene que ser este porque no se puede estar mejor. Nos invade el silencio para disfrutar de este momento. Recordaremos pistas, dunas y anécdotas, pero este momento siempre será el más espectacular. Tenemos la suerte que en nuestro grupo tenemos a un percusionista y a una bailarina de danza africana quienes nos hacen una exhibición que es un verdadero espectáculo. Y así terminamos la noche, con un té, un desierto y la mejor compañía.

DÍA IV. MERZOUGA – MERZOUGA
El día de hoy es circular. Tenemos todo el día para cruzar el Erg Chebbi, jugar en las dunas y llegar al Oasis de Oubira y descubrir lo que queda de ello. Así que, una vez llenados los depósitos y bajadas las presiones entramos. Primero bordeamos el desierto para ver como están las dunas e ir cogiendo confianza. Es un día espectacular, aunque nos acompaña un aire bastante fuerte. Las dunas están perfectas. Los cortes se leen con mucha facilidad y la arena está dura. Poco a poco la gente ya se va animando y nos vamos adentrando más. Eso si, lo mejor de todo es que cuando no se queda uno, se queda otro y tenemos que ir al rescate. Por suerte parece que el viento amaina. La primera enganchada la protagonizamos nosotros y para dar una buena lección de rescate, nos quedamos en una inclinación pronunciada. A veces no es fácil leer las dunas y buscar la trazada más fácil evitando al principio cualquier bajada con inclinación, los cortes o las subidas pronunciadas. Pero simplemente con el winch, sacamos el coche. Las dunas es simplemente cogerles el truco y perderles el miedo. Si realmente seguimos 4 normas básicas, no hay problemas, pero claro, la primera vez que entras en el desierto, da respeto. Nos encanta conducir por dunas, además con el 100 parece que te deslices entre algodones. La fuerza y tracción que tiene es increíble. Los coches que llevamos la verdad es que muy bien. Marc le da el aprobado con nota a la L200 y se lo pasa en grande subiendo y bajando por la arena e incluso algún que otro salto. Paco y Sandra con el Wrangler parece que hayan nacido en el desierto y lo hayan hecho toda la vida y son los primeros en llegar si hay que sacar a alguien. Los Land Rover que llevamos, al ir quizás un poco más justos y cargados, se nota las manos de cada uno y el tacto con el que debemos conducir. De los Toyota, nada que decir. – Risas -. Llegamos al Oasis de Oubira después de un último kilómetro con dunas realmente más altas y empinadas. Lo que vemos no tiene nada que ver con lo vimos en Fin de Año. La nueva ley del Gobierno marroquí ha hecho desmontar todas las haimas que había dentro del Erg Chebbi y entre ellas las que tenía montadas Ibrahim, aunque se ha quedado con su puesto para tomar un té o comer una tagine. La verdad es que la proliferación de haimas en el desierto ya era exagerada. A partir de este año, todas las haimas tendrán que montarse fuera del erg. Nosotros nos tomamos un buen té y una Coca-Cola fresca y hacemos un pica-pica.

Cuando ya hemos matado un poco el hambre, volvemos a por las dunas. Coronamos crestas y surfeamos por ellas. Es una sensación distinta la de conducir por las dunas y conocer tu coche. Salimos a comer justo a la altura de Khamlia así que nos paramos a comer una pizza bereber y una omelete. Esta tarde nos esperan los dromedarios por eso no alargamos la sobremesa ya que antes nos queda otra visita. Paramos en el MNAM para ver la colección de coches que hay. La verdad es que es una parada muy interesante para ver la colección de Toyota, Land Rover o peculiaridades como el Jeep doble o el 1⁄2 Jeep. No es una visita larga y es gratis así que, si no has estado, te recomendamos que pierdas 20 min. en verlo. Justo han salido los niños de la escuela así que al salir nos rodean buscando algún caramelo o algo para darles. Suerte que llegan sus madres para poner un poco de orden. Cogemos los coches y nos dirigimos hacia el auberge que nos tiene preparado nuestro nuevo medio de transporte, no sin antes, dar el último paseo de hoy por las dunas. Al llegar, un montón de dromedarios alineados nos miran con cara pasiva esperando a que nos subamos. Quizás puede ser muy típico de turistas eso de subir en dromedario hasta la duna más alta para ver el atardecer, pero las risas que nos echamos son geniales. Lógicamente no es usual para nosotros así que siempre es un momento para hacer bromas de como es el dromedario de cada uno o sobretodo el momento de bajar y subir dunas que como no te agarres bien, vas directo al suelo. Y es de esos momentos que dices por qué no, nos acabamos de soltar y lo disfrutamos y reímos y lloramos de lo mucho que reímos. Hasta los dos paisanos se ríen con nosotros, o de nosotros quizás. Al fin llegamos a lo alto de la duna y esperamos a que el sol nos de el espectáculo. Mientras anochece, llegan los 4×4 llenos de turistas cosa que nos entretiene por ver el que sube o al que le cuesta más y es que es defecto de formación, cuando vemos algo con motor, ya tiene toda nuestra atención. Una vez todos colocados, dromedarios, 4×4, turistas y paisanos, se hace el silencio. Llega ese momento que a todo el mundo deja sin habla. Ese momento en que la naturaleza gana y tu sólo puedes sucumbir a ella. Vemos como el sol se va escondiendo lentamente por detrás de montañas y kasbah con el desierto a sus pies. … Sin palabras. Pero bueno, toca bajar otra vez en los dromedarios para ir a cenar, pero esta noche, tenemos un restaurante muy especial justo al lado del hotel de las 1.000 estrellas y es que no nos podemos ir de Marruecos sin pasar una noche en una auténtica haima. Una vez bajamos de los dromedarios, vamos hasta las haimas que como ya os hemos explicado, por normativa están fuera del Erg Chebbi. Ahora ya quedará para el recuerdo aquellos que hemos podido disfrutar de dormir en una haima en el corazón del desierto bajo la Gran Duna. Pero no está mal. Son haimas auténticas, de piel de dromedario, nada de estas haimas de plástico blanco que tienen aire acondicionado, calefacción y duchas calientes. Creemos que para eso ya nos quedamos en un albergue.
Tenemos que vivir el viaje y disfrutarlo con auténticas experiencias porque al cabo del tiempo, es eso lo que queda. De cena tenemos harira y tagine de pollo, la comida más típica de Marruecos. Después, los mismos que nos han traído, nos tocan unas canciones con los tambores mientras nosotros discutimos sobre los turbos de geometría variable.
Ha sido un día intenso así que nos vamos a dormir pronto. Mañana más y mejor.

DÍA IV. MERZOUGA – ERRACHIDIA
Hoy nos hemos levantado con un cielo encapotado. Cogemos nuestras cosas y nos vamos a desayunar. Después de un buen desayuno, hinchamos ruedas y tomamos pista en dirección a la Cárcel Portuguesa. Decidimos ir primero a la cárcel para evitar aglomeraciones. Cuando llegamos vemos que esta vez no compartiremos la famosa foto con nadie. Hace un poco de aire y han bajado bastante las temperaturas y eso en lo alto de la montaña se nota. Cada uno se coloca, alguno demasiado al borde para mi gusto también lo tengo que decir y hacemos la foto de rigor. La verdad es que da igual las veces que hayas estado, sigue siendo espectacular y las vistas son increíbles. Hacemos bromas con los nuevos que los círculos que se ven son extraterrestres que han dejado la marca son sus naves espaciales y hablamos un rato con los dos chicos que hay allí esperando que venga algún turista y les pueda vender algún suvenir. Bueno, es hora de ir hasta Rissani. Volvemos por la carretera y llegamos a una de las ciudades con el zoco más auténtico para nuestro gusto. Avisamos a Mustafa del Restaurante Panorama que nos vaya preparando la comida para el mediodía. Hoy toca comer kalia, plato típico de Rissani acompañado de patatas y unas cuantas brochetas. Paseamos por el zoco y vamos a la farmacia de Mohamed para que nos enseñe todos los productos que tiene, pero como está muy llena, preferimos dejar la visita para un poco más adelante. Paseamos por el zoco entre puestecitos de dátiles y llegamos a la zona de los artesanos donde hay locales que trabajan el hierro con unas condiciones un poco curiosas. Realmente podríamos estar paseando por aquí una semana entera, parando en cada sitio para
charlar un rato y que nos enseñen lo que hacen, aunque cada vez más, cerca de las puertas de entradas hay tiendas ya muy enfocadas a los turistas. Llegamos a una de las tiendas donde paramos siempre para saludar y así echar un ojo a la cantidad de artilugios que puede llegar a tener. Aquí podemos encontrar desde una alfombra, un sable o cualquier cosa que nos imaginemos y como siempre, acabamos llevándonos algo. Como ya tenemos hambre, nos vamos hacia el Panorama. Al entrar ya nos tienen la mesa preparada. A todo el mundo asombra la hospitalidad que tienen en general en Marruecos y Mustafa tiene arte en acoger a los amigos. En pocos minutos ya nos sirve un buen plato de ensalada marroquí que entra de lujo. Después ya la kalia y todo el resto. La verdad es que tienes que ir con mucho cuidado al pedir la comida porque siempre es muy abundante y si no, siempre acaba sobrando algo que nos tenemos que llevar, pero parece que esta vez hemos acertado un poco más con las cantidades o quizás venimos con mucha hambre. Poco a poco todos los platos se van vaciando y después de tomar un té, nos tumbamos un poco en estos sofás que parecen hechos a medida para una buena siesta. Como no todos quieren descansar un rato, los demás nos vamos a ver a Mohamed a ver si ahora podemos comprar cuatro cosas. Lo encontramos justo en la puerta de la farmacia y nos abre para nosotros. Nos sentamos y empieza el espectáculo. La verdad es que puede haber muchas farmacias o tiendas de cosméticos, como quieras llamarlos, en Marruecos, pero nadie te enseña las cosas como Mohamed. Atiende a las damas pintándoles los ojos y los. Entre nosotros está Alba que justamente es maquilladora profesional y está encantada con todos los productos naturales que usa. Una vez todas pintadas y algún que otro hombre, probamos la miel, olemos hierbas y probamos té, compramos lo que necesitamos y nos dirigimos hacia el coche. Al llegar, el señor del aparcamiento nos avisa que uno de los coches tiene una rueda deshinchada. Al ver que no está pinchada nos acercamos al taller para que le cambien la válvula y todo listo. Reanudamos marcha que todavía nos quedan pistas por recorrer y muchas cosas por ver. Cogemos carretera, cruzamos Erfoud y entramos en pista hacia la Escalera hacia el Cielo. La pista da un poco de vuelta, pero vale la pena ya que campo a través tienes que cruzar el ouet y es bastante pedregoso. Todavía no he encontrado el motivo por que cual se construyeron en ese punto en concreto los monumentos, pero son geniales. La pena es que por culpa de unos desgraciados que subieron con moto por la Escalera desde hace un tiempo hay un cerco de piedras el cual no puedes cruzar. Vamos hasta el Espiral Áurea y después hasta la Ciudad de Orión. En esta parada, Ana nos explica un poco la historia de esta escenificación celestial que nos tiene a todos la mar de atentos. Una vez vistos ya los monumentos seguimos pista. El sur de Marruecos estaba realmente seco y Paco se había quedado con ganas de cruzar algún río y en el sitio menos pensado, allí estaba: un vadeo con mayúsculas. Y es que no podemos evitarlo, todo lo que nos de la naturaleza nos encanta. Nos metemos un poco, lo justo para limpiar un poco los bajos del barro que hayamos podido acumular, pero tampoco no lo atravesamos ya que pinta que es bastante profundo y a estas alturas del viaje no es plan de tener una avería tonta o de tener que sacar un coche de en medio de un vadeo ya siendo de noche. Esta pista pasa por un pueblo y siempre nos sorprende el cementerio que hay justo antes porque es enorme. Esta vez, al ser tarde casi no hay gente por la
calle. En fin, de año, hicimos una para de reagrupación y merendamos un poco compartiendo unas galletas con unos niños. Mucha gente dirá que no es bueno darles nada a los niños porque no van al colegio, hecho que compartimos, pero verdad que cuando estás en casa, si sacas unas galletas, ofreces, ¿no?. Pues no se tiene que confundir un hecho que puede ser nocivo con simple educación. La distancia entre los
monumentos y Errachidia no es muy grande y llegamos al hotel muy rápido. Haciendo un pequeño balance, en este viaje hemos dormido en todos los tipos de alojamientos posibles en Marruecos: hotel, kasbah, riad, haima y acampada. Más completo imposible.
La cena empieza por una sopa de verduras y después pollo con limón y ternera con ciruelas. Yo no se si hemos tenido mucha suerte con todos los restaurantes donde hemos comido o es que el cansancio y el hambre hacen mucho, pero los platos se vacían por completo. Mañana ya es el último día en Marruecos y eso también se palpa en el ambiente, pero nos queda todavía un día para llegar a Nador y una buena pista para recorrer.

DÍA IV. ERRACHIDIA – NADOR
Hoy es el día de regreso. Nuestro último día en Marruecos. Salimos pronto para así poder coger la pista que transcurre hacia Misour. Con los depósitos llenos y bien desayunados, cogemos carretera y nos acercamos hasta la fuente de hierro, pero se debe haber quedado seca porque no sale nada. Es una pena, pero así de caprichosa es la naturaleza. Así que tomamos pista y adelante. Cuando entramos en el paso del río vemos que hay algún que otro charquito. Hoy el día es mucho más frío. Echamos de menos esos insoportables 42o que hemos cambiado por unos fríos 3o. Vamos siguiendo el cauce del río y más adelante salimos a pista. Este valle es realmente bonito. Justo cuando quedaba muy poco ya para tomar carretera, uno de los coches tiene un percance. Después de desmontar la rueda delantera izquierda vemos que tiene un cojinete partido y no puede continuar y aquí empieza una historia paralela de cómo vivir un mediodía. Sergio y Marc cogen rápidamente el coche para ir hasta Midelt en busca de una pieza de repuesto que les ha dicho Jaboud que la tienen en stock, y salen pitando.La carretera que va hasta la carretera principal no es mala, bueno, bien dicho, podría ser peor, aunque hay alguna piedra en medio de la calzada para señalizar un agujero o un puente que se ha derrumbado y se tiene que tomar una alternativa. A todo eso, explicar que la avería había sucedido a la una del mediodía y teníamos que coger el ferry a las diez de la noche. Hasta Nador teníamos 400km, así que teníamos que buscar una solución muy rápida. Estábamos en el coche dirección Midelt. Hasta Midelt hay 50km. En circunstancias normales, en menos de una hora estás allí, pero si conocéis mínimamente Marruecos y sus carreteras, sabéis que el tiempo se triplica. Vigilando entre carros, burros, bicis y niños vamos lo más rápido posible hacia Midelt, cruzando los dedos para que no haya ningún gendarme con el cinexin. Llegamos hasta la tienda de recambios que nos ha dicho Jaboud, después de atravesar el pueblo con su caótico tráfico y habemus cojinete. Ahora sólo hace falta que alguien nos coloque el cojinete. Mientras tanto, unos cuantos se habían quedado con los coches y la L200 desmontada y resguardada por un montón de niños. Visto que eso iba para rato, empezamos a interaccionar con ellos de la forma en la que podíamos ya que no hablaban español, sólo había uno que chapurreaba un poco de francés. Como era ya la hora de comer subimos hasta el pueblo para comprar un pan a una de las casas. Al final, parece que unos niños entienden lo que queremos y nos llevan a una casa donde salen dos chicas muy guapas. Bueno, os podéis imaginar la situación intentando hacernos entender con mímica, pero lo logramos y nos dan un pan y una botella con leche. Intentamos darle algo de dinero, pero parece una ofensa. O sea que, a estas alturas, objetivos conseguidos, el pan y el cojinete. Al ir hacia los coches para compartir el pan y poder comer algo, se nos acerca una señora que parece la matriarca y nos ofrece para pasar la noche ya que parece que va a llover. La idea es no pasar aquí la noche, pero se agradece mucho el ofrecimiento. Cuando llegamos a los coches, todos contentos con nuestro pan, uno de los niños con los que hemos estado hablando y jugando nos ofrece una tagine en su casa. Después de mucho insistir y viendo que Marc y Sergio no llegan, pues nos vamos con él. En Midelt, encontramos un taller que está abierto. Cuando entramos pillamos a los mecánicos sentados en una mesita comiendo. Les explicamos lo que nos ha pasado y que si nos pueden colocar el cojinete. Parece que no les hace mucha gracia interrumpir la comida, pero a regañadientes nos ayudan. Poco a poco, van pasando los minutos y empezamos a sufrir por el ferry. Está claro que ahora ya no llegamos con el margen establecido de un par de horas, pero ahora el objetivo es que nos coloquen el cojinete, reparar el coche e ir hasta el ferry, aunque para eso antes tenemos que volver. En la casa de nuestro joven amigo, hay toda una familia. Se agradece la temperatura que hay en la casa ya que fuera hace bastante frío y mucho aire. Nos sirven agua, té y nos dan un poco de miel mientras sacan una tagine de pollo. Realmente era su comida y nos la dan a nosotros. En ese momento nos invade un sentimiento de humanidad o no se como describirlo. Su nivel de hospitalidad es abismal. ¿En qué otro sitio te encontrarías esto? Piénsalo sinceramente. La tagine es una de las mejores que he probado nunca y el te es delicioso. Compartimos la comida mientras nos intercambiamos palabras en español y hablamos un poco de futbol. Dicen que nunca hables de religión o futbol, pero en Marruecos es una de las charlas más divertidas que hay. Una vez comido, bajamos hasta los coches donde nos esperan algunos del grupo que se habían quedado por si los otros volvían y que han aprovechado para echar una siesta. Cuando llegamos, a ellos les habían preparado también la comida. Después de tantos años viniendo a Marruecos, sigo maravillosamente sorprendido por la hospitalidad de su gente, y espero que así siga para todos los viajes que me quedan. Intentamos contactar con Sergio y con Marc, pero no obtenemos respuesta. El tiempo se nos echa encima. Ahora empiezo a dudar que podamos llegar al ferry. En Midelt el cojinete ya está colocado. Nuestra prisa no es la suya y bien nos repiten que prisa mata, pero bueno, al final el cojinete ya está puesto. Ahora toca correr para cruzar la ciudad y volver al punto de partida. Esta vez, lo bueno es que la carretera ya la conocemos y sabemos los pueblos por los que cruzamos o las piedras que nos encontramos. Rápidamente cogemos el coche, pero parece que cuanta más prisa tienes, más caos hay. Con el cojinete en mano, cruzamos Midelt, sólo nosquedan unos 50 km para llegar a destino. ¿Sólo? En los coches ya no se qué cara poner, faltan menos de 6 horas para que salga el ferry y no tenemos noticias de ellos. Aprovechamos para hacer una bolsa con toda la comida enlatada, jabones, pasta de dientes y otros utensilios que tenemos para poder agradecer al pueblo la hospitalidad que nos han dado. Hasta nos han encendido una hoguera y todo para que no pasemos frío. Podríamos habernos encerrado en algún coche, pero vale la pena compartir estos momentos cuanto menos después de abrirnos su casa. En medio da la nada, después de la curva aparece un coche. ¡Ya están aquí! Nunca había visto montar una rueda tan rápido, es que ni los mecánicos de fórmula 1. Nos despedimos de la gente del pueblo dándoles las gracias por todo y nos marchamos a toda prisa, con la promesa que algún día volveremos. Quedan sólo 5h para salir el ferry y nos separan 400km. Complicado.
Una vez en el coche, recordamos todo lo vivido con estas personas que, si no hubiera sido por una avería, nunca se habrían cruzado en nuestra vida. Como dice un buen amigo, viajar te permite conocer la realidad del mundo. Tenemos un objetivo y se llama embarcar. Conducimos sin paradas, con prisa y sin pausa. Se nos hace de noche y empieza a llover. Parece que nada esté de nuestro lado, pero no nos rendimos. De camino vamos rellenando los papeles de los pasaportes porque así al llegar podemos saltar directamente de los coches. En tiempo record llegamos a las 21:35. Espero que no haya cola en los pasaportes. Salimos corriendo bajo la atenta mirada de policías y otras personas que están en sus coches esperando a que les den la señal para subir al ferry. Por suerte tardamos muy poco en hacer los pasaportes. Pasan primero los conductores para ir a la otra cola para hacer el trámite de vehículos. Cuando ya estamos todos, con vehículos incluidos, nos paramos en una cola eterna esperando para embarcar y es en eso momento que paramos, nos miramos y nos abrazamos. Ha sido un día muy intenso. Al final resulta que están todos los coches de la Morocco Desert
Challenge para embarcar en un ferry a Sete y otro a Almería, así que acabamos embarcando 3h más tarde. Lo único bueno es que hemos podido cenar y hemos visto esos camiones que son auténticas bestias. Una vez ya tumbados en la cama del camarote, hago el resumen del día, o del viaje mejor dicho y estos ratitos te quedan para ti. Haciendo un pequeño resumen de lo que ha sido este viaje, hemos tenido de todo, tanto por terrenos como por emociones. Ha sido un grupo fantástico como todos los que hemos tenido y nos vamos con la gran satisfacción de haber conseguido unir a un grupo creando nuevos amigos, transmitir todo nuestro amor por Marruecos, hacer que la gente conozca realmente este maravilloso país y hacer vivir unas experiencias que nunca olvidarán. Estamos seguros que volveremos a compartir con todos ellos muchas más rutas.

Muchas gracias a todos, en especial a Marc, Andrea, Roberto, Ana, Jan, Lourdes, Alba, Paco, Sandra y Buga.
Hasta la prochaine
INSHALA

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