Portugal 2019

Nuestro viaje empieza el día 1 por el mediodía. El punto de encuentro es Évora. Poco a poco, van llegando todos los aventureros al hotel. Esta vez somos 9 personas, distribuidas en tres Toyota 150, un Jeep Grand Cherokee, Un TD5 y nuestro 100. Como estamos al lado del casco antiguo , cuando ya estamos todos reunidos, nos vamos a hacer un poco de turismo por la ciudad. La idea de hoy es pasear un poco y cenar temprano. Aquí en Portugal es una hora menos y también tenemos que adaptarnos al horario de comidas del país. Después de un paseo, descansamos un rato en el hotel y cenamos. Es un día de encuentro y de prepararnos para mañana. La ruta empieza temprano y a las 8:30 ya estamos en los coches. Hay ganas de pista y además promete ya que lleva días lloviendo y eso nos dice que el barro será un buen protagonista. Eso si, antes de tomar pista, tenemos que hacer una parada para comprar pan, porque por muchas ganas que tengamos de barro, también tendremos que comer.  Tomamos pista. Son pistas anchas y bastante rápidas entre eucaliptus. Empezamos a encontrarnos los primeros charcos alguno que otro más profundo que también hace que moderemos un poco la velocidad. Al ir primero nosotros, no dejamos ningún agujero con agua y los limpias, automáticos, van a saco. Como hace fresco, llevamos las ventanas subidas y no nos importa, porque si no, la bajas sin acordarte y alguna que otra mojada nos hemos llevado.

En un tramo hay una alternativa por un trozo de carretera por un puente que va por encima del río. Sin dudarlo, vamos por el río. Pasamos sin más, aunque llevaba más agua de la que esperábamos. Al ser el primer río que cruzamos, bajamos para grabar un poco. La sorpresa es que al salir del río el Cherokee, Josep se da cuenta que no lleva matrícula. Revisamos el video y al entrar llevaba, así que la ha perdido en el río. Desde el puente, Paco la localiza y sin pensarlo un segundo, Sergio se quita las botas y se remanga los pantalones y se mete en el río en busca de la matrícula. ¡Eureka! La dejaremos en el salpicadero, por si acaso. Seguimos pista con un poco de barro que hace que los coches se culeen un poco, lo justo para divertirse. Llegamos a un punto que tenemos marcado en el GPS y nos paramos un momento. El sitio no defrauda, y no por las vistas, que estamos al lado de la vía del tren, si no por la cantidad de robellones que encontramos. Decidimos parar para comer en lo alto de un montículo rodeado de arena.

La pista ha ido combinando barro y arena. Toda una delicia. El 150 de Josep intenta subir por uno de los lado más complicados y no lo consigue. Esta arena se rompe muy fácilmente, no es como la de Marruecos que por blanca que esté es más dura. Aquí hay mucha humedad y a la que intentas subir un par de veces, se quedan unas roderas demasiado marcadas y al final acaba tocando en los bajos. Como lleva protecciones, deja la subida entre las roderas, completamente liso.  Unos metros más al lado hay otra subida. A la primera se queda a pocos metros de subir. Hay algunos que dicen que le faltan metros para coger inercia y otros que sube con exceso de potencia. Al final acaba subiendo y se lo ha pasado tan bien que sube y baja como un niño pequeño. Después de comer continuamos por pista. La arena que nos vamos encontrarnos es muy simbólica y no hace falta deshinchar. Mañana ya si que tocará bajar presiones. La pista sigue con bastante barro y muchos charcos que nos dejan el coche perfecto. Incluso hay momentos en que el barro es más intenso y si levantas el pie, tocará tirar de winch, así que como vamos nosotros primero, avisamos al resto que le den alegría. Al llegar al hotel, los coches están de foto. Estamos en un hotel al lado de la playa, frecuentado por surfistas. Las caras que nos ponen al llegar son de lo más curioso y eso, nos hincha un poco. Ellos serán los reyes del mar, pero nosotros somos los reyes del monte.Toca una buena ducha, cenar y descansar para mañana. El Pozo del Inglés nos espera.

Antes de andar por pista, nos acercamos a mirar los acantilados. Es un lugar con muy buenas vistas y vale la pena parar para echar unas fotos. Después tomamos carretera hasta llegar a Nazaré. Están todos los surfistas resignados encima de la tabla de surf esperando a que llegue alguna ola por pequeña que sea. Creo que hoy no es su día. A nosotros, en cambio, nos hace un día estupendo y ha primera hora empieza a hacer calor y todo. Hay una pequeña subida donde hacemos un poco el cabra con la mirada sorprendida de los transeúntes que se acercan a ver famoso faro rojo. Bueno, ya es hora de dejar el asfalto. Empezamos por una pista entre enormes pinos. Una pista muy bonita para disfrutar de los paisajes. Poco a poco el terreno se vuelve arenoso. Uno de los coches, el Gran Cherokee es la primera vez que toca arena y está encantado. La arena de Portugal no es como la arena de los desiertos. Esta es mucho más fina y con poco escarbas. Además, lleva rueda con bastante taco.

Nos encontramos con las primeras subidas que si hay tracción no son mucho, pero con este tipo de terreno, lo dicho, es muy fácil que empiece a escarbar. Justo antes de la subida, levanta un poco el pie y con el peso del coche, se queda enganchado. No pasa nada. No será ni la primera ni la última. Sergio se pone detrás y saca la eslinga. Un tirón suave y listo, pero lo que parecía algo tonto, en este terreno no lo es. Al final descartamos la idea de la eslinga pues Sergio se está hundiendo y acabará quedándose y el Cherokee cada vez está más enterrado. Sacamos el winch y listo que para eso está. En poco rato, sacado. Seguimos por las pistas de arenales subiendo y bajando. Algunos coches han bajado presiones para ir más ligeros. No hay problema con ninguno de los coches. El Cherokee, con 200cv va de sobra, aunque le falta algo de altura. El TD5, sin prisa, pero sin pausa va sumando kilómetros, y los Toyota, sin problema alguno. Llegamos hasta una bifurcación y por uno de los tramos, a lo lejos se ve una torre de vigía. La subida no es fácil. Parece como en dos tramos poco marcados y una subida bastante pronunciada por el terreno que es. Aquí tiene que haber una mezcla de potencia y tacto. Sergio con el 100 se lanza el primero.

De potencia no le falta, pero el peso es un inconveniente. Necesita tres intentos para acabar de subir, pero ahora el resto ya lo tiene más fácil con las roderas marcadas. Este tipo de arena, sin roderas, necesitas primeo marcar el terreno o es muy difícil subir. El segundo que lo intenta es Josep con uno de los Toyota y al segundo intento consigue subir hasta arriba, aunque ha trinchado un poco el terreno. El Cherokee sube sin problemas a golpe de gas. La idea es comer arriba en la torre así que poco a poco tienen que subir todos. Los que no quieren subir por la parte más pronunciada, tienen otra subida más ligera y con pinaza que tracciona muy bien. Comemos arriba con mejores vistas imposibles. Desde aquí arriba estamos atentos por si vemos la comitiva de Sastraka 4×4. Sabemos que los Iñigos están en Portugal y no tienen que andar muy lejos. La última vez que los vimos fue por un problema mecánico en la Transpirenaica. Para los que queráis, en algún número anterior de la revista explica toda la odisea y como Sastraka nos salvó de una bien buena. Así que nos apetecía tomar una cerveza con ellos porque si como mecánicos no tienen competencia, como personas son todavía mejores. Pero en otra ocasión será. Continuamos por los arenales hasta llegar al Pozo del Inglés. Hemos tenido que sacar algún árbol de la pista porque están haciendo trabajos de deforestación.

Una vez llegamos allí, Sergio lanza el coche hasta la subida más empinada y clava el coche en medio de la subida. Antes diría que ningún coche es capaz de subir, pero justo cuando estoy escribiendo esta crónica, Iñigo García de Sastraka 4×4, me manda unos videos de como han coronado, tanto el Toyota como el Patrol. Y es que, a parte de tener manos, se tiene que tener coche y ellos son unas maquinas preparando 4×4. Algunos de los nuestros lo intentan por el lado derecho que parece algo más fácil, pero empieza a oscurecer y tendríamos que deshinchar mucho para poder subirla. Toni lo intenta y consigue más o menos quedarse a mitad y Josep no llega mucho más lejos. Mientras vamos jugando con la arena y entre una cosa y la otra, tres coches se quedan atascados. Sacamos al Cherokee y después a los dos Toyota y ya a oscurecido. Supongo que, llegando antes, deshinchando y con potencia haríamos algo más, pero no es la ocasión. Continuamos nuestro camino hacia Figueira da Foz. Las pistas son fáciles, pero decidimos salirnos a carretera por la cantidad de ramas y tocones que hay ya que, de noche, se ve poco. Toca una buena cena y descansar que mañana habrá más y quizás mejor.

Salimos de la ciudad y en poco tomamos pista. Seguimos bordeando la costa y las pistas siguen siendo de arena fina, pero entre pinos. El terreno está un poco húmedo y se agradece la pinaza que hay en el suelo. Justo encontramos una bajada pronunciada. Al principio no vemos que podemos resbalar un poco, pero a media bajada, se nos va un poco de atrás y tenemos que darle un pequeño toque al acelerador. Avisamos al resto del grupo que bajen con puntita para que nos les pase lo mismo. Las pistas son eternas, con una arena que te deslizas sobre ella. Hay algunos, como Josep, que han bajado presiones, pero nosotros vamos bien y seguimos igual.

Continuamos, pero el Cherokee se ha quedado atascado. Lo que le sucede es que es muy bajo y a la mínima se queda empanzado. Alberto ya tiene decidido que cuando vuelva lo va a subir y a preparar un poco. Estas cosas las has de ir viendo poco a poco según las necesidades que tengas. Son una pareja muy maja con una niña de un año, Emma, que es la primera vez que viajan en 4×4 y por lo que habían hecho, no habían necesitado más, claro está, hasta ahora. En arena, a la mínima que es un poco blando, no le da de altura. Pero no pasa nada, porque Albert le da un tirón y listo. Preparamos la eslinga, pero parece que cuesta un poco. Paco empuja un poco y el coche sale. Si no llega a ser por Paco.. Continuamos el camino, pero el terreno está muy blando y como hay dos coches delante del Cherokee, parece que se escarba un poco más y es lo suficiente para que la altura del Cherokee no sea suficiente. Una vez más, sacamos la eslinga y esta vez es el Toyota quien lo estira un poco hacia atrás. El terreno está muy blando y ahora tenemos enganchados dos coches. Sacamos el winch de Toni y lo enganchamos al Toyota de Paco que a su vez está tirando del Cherokee. Al principio el Toyota de Toni se va un poco para adelante pero poco a poco consigue mover a los dos coches. Es increíble lo que hace un buen winch. Una vez todos liberados, salimos de pista y vamos por donde está la vegetación que está más duro y así podremos avanzar. Continuamos la pista de arenales hasta llegar a la playa. Allí aprovechamos para hacer el ángelus. Hoy es un poco más tarde, pero la idea también es posponer un poco la comida hasta llegar a Aveiro.

Nos hacemos alguna foto de rigor y continuamos bordeando la playa. Es una pena que en España no se pueda conducir por pistas así porque es espectacular tanto por la belleza del paisaje que nos rodea como por la conducción. Llegamos a Aveiro justo para la hora de comer y nos sentamos a pie del faro para comernos una francesinha. Viene a ser un sándwich de todo, con queso por encima y salsa de tomate. Es una comida típica de esta zona y como comida curiosa, vale la pena probarlo. Todos se quedan sorprendidos cuando nos traen los platos y más al probarlo. La comida ha sido potente así que vamos hacia el hotel, dejamos las maletas y para bajar un poco, nos vamos a pasear un rato por Coímbra. En esta época, las ciudades de Portugal están preciosas decoradas todas con luces de Navidad. Después ya, una cena algo ligera para compensar.

Hoy ya las pistas discurrirán por un terreno montañoso a través del Parque Natural da Serra da Estrela. Hace bastante humedad, pero el día es claro y soleado. Hacemos un trozo de enlace para llegar a pista. Son pistas un poco ratoneras y cerradas, pero vamos encontrando el camino. A veces es difícil seguir el track porque la pista no es muy visible, pero conseguimos encontrarlo y continuar nuestro camino. Son pistas fáciles sin desnivel ni complicaciones. Poco a poco la vegetación va desapareciendo y nos encontramos con pistas anchas y rectas, ideales para ir algo más rápido. Poco a poco vamos subiendo hasta encontrarnos en la cresta de la montaña y justo encontramos un punto geodésico. Nos falta tiempo para subirnos encima y echar alguna foto divertida. Seguimos la pista y ya vamos subiendo y bajando, por estos famosos valles de Portugal. Seguimos track y llegamos a un punto que hay una subida bastante pronunciada con un giro a derecha y bastante pedregosa. Se ve bastante pronunciada, pero con los coches que tenemos, no tendría que haber ningún problema. Primero les toca a los Toyota que con el control cruiser suben sin esfuerzo ninguno, sin tan sólo pisar el acelerador. El Cherokee sube por potencia sin problema alguno y eso que al no estar levantado tiene que vigilar por donde pasa por si hay alguna piedra que sobresale más. El siguiente es el TD5. Justo antes de terminar la subida, se le va un poco la tracción, pero coge la pista un poco más a la izquierda que hay vegetación y asunto resuelto.

El 100 ni se entera. Una vez arriba nos reímos de lo complicada que parecía la subida y lo poco que hemos necesitado para subirla. Y entre risas, seguimos pista hasta arriba de la montaña. Cuando llegamos, al pie de los molinos de viento, hacemos el ángelus, con unas vistas impresionantes. Queremos parar a comer más adelante y nos queda un tramo así que no nos entretenemos mucho y seguimos nuestro camino. Los paisajes y las pistas son espectaculares. Hemos pasado de eucaliptus, a arenales y ahora a pistas de montaña. Portugal es un país fantástico y más para los amantes del 4×4. Cruzamos algún pueblo y al retomar pista encontramos un lugar entre piedras enormes para comer que es justo donde paramos a comer el año pasado. Estamos al sol, pero entre que hemos parado más tarde y que aquí es una hora menos, el sol se va antes y eso se nota. El café nos lo tomamos ya de pie y con todo recogido porque estamos a 3º y el aire es frío. Rápidamente continuamos. A las cinco anochece, así que, otra vez nos toca hacer nocturna. Como no son pistas complicadas ni pedregosas, es muy divertido y a todos les encanta. Se ve tan distinto de noche, que cualquier pista sin emoción pasa a tener un alto nivel de diversión. Andamos atravesando los montes y cruzando pequeños pueblos donde la gente nos mira sorprendidos, hasta llegar al hotel. La idea es dejar las maletas e ir a Guarda, la ciudad de la Navidad aquí en Portugal por excelencia. Así lo hacemos. Cogemos los coches y aparcamos en el mismo centro. La plaza de la iglesia es la esencia absoluta de la Navidad. Una gran pista de hielo ocupa la parte central que está rodeada por arboles llenos de luces, trenes y todo tipo de decoración. Aprovechamos y nos hacemos alguna foto divertida y después nos vamos a cenar.

Nos hemos levantado esta mañana envueltos por una niebla densa que poco deja para ver. Después del desayuno nos ponemos en marcha en nuestra última etapa del viaje de Portugal 2019. Hoy cruzaremos el Duero y las pistas serán planas entre bonitos paisajes y vegetación. Así que adelante. Pasamos por caminos que hace tiempo que no se han pisado entre viñedos la mayoría olvidados. Son caminos pedregosos y húmedos y hay momentos en los que, en bajada, tenemos que ponerle algo más de atención. El camino nos lleva hasta lo alto de una montaña donde están los molinos de viento y como tenemos unas vistas espectaculares, hemos decidido adelantar un poco el ángelus y disfrutar de estos momentos. Unas aves nos acompañan en lo alto del cielo y debatimos si serán halcones o qué. Si alguien pregunta qué es la paz, es este momento, aquí tranquilos en lo alto de la montaña son que se oiga nada, sólo a algunos pájaros con el río en el valle. Seguimos por la pista que nos lleva hasta un pequeño pueblo. La gente se asombra al vernos pasar y sobretodo que nuestros coches quepan por sus calles tan estrechas. Con algunos saludos, abandonamos el laberinto y volvemos a los viñedos. Justo después de salir del pueblo, tomamos la pista que va al lado de unos campos. El primero que va es Paco. La pista tiene alguna mordida por las lluvias intensas del otro día, pero parece que no hay problema. Justo cuando pasa Paco vemos como se desprende algún trozo de pista. Sin poder para en ese momento, continua la marcha en paso ligero para no quedarse atrapado ya que no parece que el terreno esté muy sólido. Al pasar la último mordida, la rueda trasera izquierda se le cae por la ladera, pero Paco reacciona rápido con un golpe de gas y consigue salir sin que el coche se le caiga. El resto estamos alucinando con la situación. La pista no se veía tan mal y nos hemos dado un buen susto con Paco.

Vamos a inspeccionar el terreno. Hay tramos en los que tendremos que subirnos un poco en el lateral, pero vemos que podemos pasar. El siguiente es Albert con el TD5 que ya está justo en uno de los pasos estrechos. Le guiamos para poder pasar, pero el camino es muy estrecho y vemos que más adelante el 100 es imposible que pase porque el lateral es de piedra y es demasiado estrecho. Decidimos abortar y tirar marcha atrás. Ahora lo único que tiene que hacer Albert es pasar un pequeño montículo. Tiramos marcha atrás pero el terreno está muy húmedo y se le giran las ruedas. En este momento paramos. Tenemos un pequeño problema. Si sigue tirando marcha atrás, le caerá el morro y adelante tampoco puede ir.  Con calma, sacamos las palas y rascamos el lateral. Tenemos que hacerlo más ancho para que pueda dar un golpe de gas hacia atrás. Manos a la obra. Nos turnamos y conseguimos sacar un buen trozo de lateral. Toca hacer maniobra. Como el terreno está tan húmedo y, en consecuencia, tan resbaladizo, tenemos que ir con cuidado, pero con decisión. Con las indicaciones de Sergio, Albert consigue sacar el coche y nos tranquilizamos todos. Ya vemos que por aquí ni un metro más ni si quiera para dar la vuelta. Volvemos por donde hemos venido y quizás ahora entendemos porque nos estaba mirando la gente. Seguimos un poco por otra pista después de encontrar a Paco. Encontramos un buen sitio para comer y no nos lo pensamos dos veces. Ayer teníamos un frío tremendo por culpa del aire y no ir bien abrigados. Hoy en cambio, es un día espléndido. Parece que sepa que hoy es nuestra última comida del viaje y nos haya brindado un sol estupendo.

Comemos tranquilamente entre risas y una buena charla sobre lo que ha pasado y el valor de Paco. Nos tomamos incluso tranquilamente el café, pero tampoco no podemos demorarnos mucho porque queremos ver Miranda do Douro y todavía nos queda un buen trozo. La pista sigue entre muros de piedra que tienen el ancho justo del 100, un centímetro menos y no pasamos. Parece que hay un momento en el que la pista se pierde e intentamos tirar por otra más principal pero no tiene salida. Nos toca encontrar la pista, por suerte aparece en el GPS y vamos siguiendo el track marcado. Es chulísima la pista. Incluso hay tramos con algo de agua. Vamos a un ritmo moderado ya que por la vegetación que es abundante, no se ve mucho las piedras que se esconden y por las que, si se ven, además de la estrechez de la pista y nos encanta. Es el mejor punto final que hayamos podido poner a nuestra ruta. Al llegar a carretera, decidimos seguir el pequeño tramo que nos queda por carretera para poder llegar a Miranda do Douro cuando las tiendas estén abiertas ya que hay gente que quiere hacer cuatro compras. Ponemos rumbo al pueblo y llegamos en poco menos de 30min. Es un pueblo pequeño con una calle principal llena de tiendas de zapatillas, toallas y artículos varios de corcho. Mientras algunos compran, otros toman un café y se llevan también los famosos Pasteles de Belén, típicos de Portugal. Nuestro hotel, el balneario, está en España y tenemos que sumarle una hora cuando crucemos la frontera y por eso, la visita es rápida porque si no, llegaremos a las diez a cenar. Llegamos al balneario, dejamos las maletas en la habitación y nos reunimos para cenar.

Es la última cena que hacemos en grupo y alargamos hasta el café en una sala aparte. Mañana algunos se irán muy temprano y otros dormirán más así que estiramos hasta el último momento para pasar un rato más juntos. Sobre la media noche, toca irse a dormir que también estamos cansados y mañana nos quedan algunos kilómetros para volver. Nos despedimos con la promesa que nos volveremos a ver. Algunos nos encontraremos en la ruta que haremos antes de Navidad y con otros ya en enero, pero estamos seguros que volveremos a coincidir. Ha sido un grupo de lo más divertido. Ahora, ya escribiendo esto mientras ponemos rumbo a Madrid, hecho de menos esas conversaciones en la emisora entre Josep y Toni o como Josep le indica a Paco qué modo tiene que poner en el Land Cruiser. Ha sido un placer como siempre nuestros amigos Albert y Montse y Mónica y Alberto, con la pequeña Emma que ya desde bien pequeña es una todoterreno que, dentro de unos años, nos enseñará a nosotros a conducir. Muchas gracias por todos los que hacéis posible estos viajes, creando amigos y acumulando experiencias y a los que, con pasión, leéis nuestras crónicas. Y como no, gracias a Autoaventura 4×4 por publicar este relato de una simple amante del 4×4 y del mundo overlander.

¡Nos vemos en las pistas!

 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies